jueves, 27 de julio de 2017

“CARMINAZO…”

Como parte de su ciclo de extensión, la Sinfónica Nacional de Chile, dirigida por la destacada maestra brasileña Ligia Amadio, ofreció Cármina Burana de Carl Orff, junto a solistas y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile. No reviste mayor novedad programar esta magnífica (y “magnética”) obra, ante la recurrente asociación a la alabada coreografía de Ernst Uthoff de 1953 para el Ballet Nacional Chileno -llevada exitosamente a otros países-, amén de su asidua presentación local en formato de ballet y concierto en las siguientes décadas… Esta cantata dramática (escénica), estrenada en 1937, es fiel reflejo de la estética musical del muniqués Carl Orff (1895-1982). Su rara adopción de lo rítmico y melódico al incorporar elementos del canto gregoriano, el lied y danzas populares plasman una original estilización, cuya conjunción de elementos en base a la colección de poemas goliardescos (poesías profanas latinas hechas por los goliardos -clérigos descarriados como estudiantes vagabundos y trovadores del Medioevo- que cantaban motivos amorosos, hedonistas y sarcásticos contra el orden establecido) más lo dancístico, hacen de Cármina una obra de arte total -casi wagneriana (proporcionalmente)- y expandida a una fenomenología de atávicas dimensiones… De allí, tal directa y masiva conexión con el público… Luego de quince inexplicables (e injustos) años sin dirigir a la Sinfónica, regresa Ligia Amadio, relevante y carismática directora latinoamericana, con la misma obra que se le presenciara años atrás en Rio de Janeiro, en aquella oportunidad con un sólido resultado artístico, y signado por una visión globalmente bien resuelta, de trazos firmes y amplia expresividad. En la presente versión, Ligia hace una lectura más analítica, inteligentemente contenida y siempre con idiomática expresividad, privilegiando una sonoridad muy bien texturada, acentos bien dispuestos más una magnífica proyección de timbres y colores, amén de inteligentes contrastes en fortes y pianos, no confundiendo genuino arrebato con destemple (de tintes ampulosos y feroces)… , ni susurrantes sutilezas con errónea apolineidad… La función de estreno -con lleno total- tuvo ejemplar nivel de respuesta de los decanos Sinfónica y Coro frente a los autorizadísimos requerimientos de la batuta visitante. Excelente ajuste general, con logrados balances, fraseos y dinámicas de músicos y coreutas. El desempeño de los solistas también se sumó a la galería de logros enunciados. Notable Claudia Pereira en una candorosa Amor volat undique, emotiva en In trutina y con admirable alta tesitura en Dulcissime. El contratenor Moisés Mendoza destacó con magnífico falsete en el canto del cisne en el asador (Olim lacus colueram). Y el ascendente barítono Ramiro Maturana, no siendo aún ideal para abordar esta obra al no disponer del espesor vocal requerido, obtuvo innegables logros en musicalidad y linealidad de canto. En suma, una triunfal presentación, con el regreso de una gran directora como Ligia Amadio, más una orquesta y coro en plenitud de rendimiento, y un equipo de solistas de primer orden que dieron vida a un verdadero Carminazo…

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