miércoles, 15 de noviembre de 2017

“BALANCE DE CONCURSO Y SABIDURÍA DEL PÚBLICO”

• Entre 7 y 13 de noviembre 2015 se desarrolló la versión 42 del Concurso de Ejecución Musical Dr. Luis Sigall, esta vez Mención Violín. Como el más antiguo certamen en su especialidad en Latino América, y afiliado por varias décadas a la Federación de Concursos de Ejecución Musical con sede en Ginebra, el Concurso Dr. Lui Sigall de Viña del Mar ha ganado un merecido prestigio internacional. Estructurado en 5 menciones (piano, violín, cello, guitarra y canto), ha contado entre sus ganadores a relevantes figuras del mundo artístico, y existiendo un creciente nivel promedio de participantes provenientes de todo el planeta. La presente versión correspondió al violín, y lamentablemente la difusión en la prensa fue exigua, al punto que ningún medio impreso de circulación nacional cubrió el desarrollo del mismo, a diferencia de antaño, que era debidamente cubierto por los diarios más importantes del país y transmitido en señal abierta de televisión a todo Chile. Adicionalmente, la envergadura de los premios se observa de menor alcance respecto a lo que en algún momento se logró, en cuanto a una mejor proyección de los galardonados en circuitos nacionales e internacionales. Un botón de muestra es el término de la alianza por casi 30 años con la Orquesta Sinfónica de Chile -la decana orquestal del país- para que el ganador tuviera actuaciones en Santiago y Frutillar, situación que requiere un replanteamiento en este ámbito. Y también discurrir asociaciones estratégicas con instituciones que faciliten actuaciones de los ganadores en plazas de relevancia internacional, en aras de mejorar el posicionamiento del concurso. Respecto al desarrollo del mismo, y como suele suceder, llegaron participantes de múltiples países, esta vez de Rusia, Polonia, Estados Unidos, Korea, Venezuela, Argentina y Chile. Dentro de las etapas en que se estuvo presente, fue posible estar desde la semifinal en adelante, pudiendo ver a los participantes de Rusia, México, Venezuela, Polonia, Estados Unidos y Chile. Y cabe señalar que era primera vez que un connacional llegaba a una semifinal en la mención violín, y adicionalmente, a la mismísima final… El nivel promedio fue de excelencia, llamando la atención el representante de Venezuela (Raúl Suárez) con una excelente interpretación de la Sonata de Ravel, asimismo la polaca Marta Wasilewicz con una importante versión de la Sonata de C. Franck. Lo mismo el ruso Stepan Lavrov, con magistrales versiones de la Sonata N° 1 para violín solo de Ysäye y la Sonata de Debussy, a la sazón el más serio candidato de ganar el concurso… . Y de importante cometido del chileno Bastián Loewe en la etapa semifinal, llamando la atención su inmenso caudal sonoro, que, con perfeccionamiento estilístico mediante, sus proyecciones artísticas se vislumbran excepcionales y valor emergente en el panorama violinístico internacional. La etapa final fue realizada, por segundo año, en el Salón Plenario del Congreso Nacional, en Valparaíso, debido a que aún no se dispone de la sede histórica del Concurso, el espléndido Teatro Municipal de Viña del Mar (de condiciones acústicas privilegiadas), debido a una incalificable demora de las refacciones del terremoto de 2010 (¡¡hace 5 años!!)… Los 3 finalistas en esta oportunidad fueron los rusos Igor Pikayzen y Stepan Lavrov (totalmente predecibles) y el chileno Bastián Loewe, sin duda de evidentes méritos para llegar a tan honrosa posición. Fueron acompañados por la Orquesta Filarmónica Regional (institución que últimamente sólo aparece para las finales del Sigall, y que urge darle un impulso de regularidad en su funcionamiento, a diferencia de otras orquestas regionales del país…), y dirigidos por Álvaro Gómez, Director Artístico del Concurso. En cuanto a los desempeños de los finalistas, es menester precisar que se trató de una importante jornada final y de gran competitividad internacional, validando el alto nivel de convocatoria del concurso. Y en lo particular, es ineludible consignar la no concordancia con el resultado del jurado, habiéndose otorgado el primer lugar a Igor Pikayzen, quien acusó problemas en el primer movimiento del Concierto de Brahms, en cuanto tuvo errática proyección sonora, apresuramientos que no permitieron en momentos ensamblarse debidamente con la orquesta; además, enfoques musicales arbitrarios en momentos claves, por mucho que los movimientos restantes de la obra los abordara de manera inobjetable e incluso con novedosos enfoques. Distinto fue el caso de su compatriota, Stepan Lavrov (segundo lugar), quien brindó una versión de antología del Concierto de Mendelssohn, con apabullante perfección técnica y alto vuelo musical (logros irrefutables en dinámicas, fraseos, prístina proyección sonora, entre muchos calificativos). Muchos años que no se escuchaba en Chile una versión de tanta relevancia del Mendelssohn, al punto que el “respetable público…” fue elocuente en manifestarse contrario a una decisión a todas luces errada de parte del jurado, Mención aparte constituye el chileno Bastián Loewe, quien, en justicia, obtuvo el tercer lugar. De 24 años y con perfeccionamiento en Europa (radicado en Basilea y antes en Berlín), es un talento que necesariamente se debe apoyar en su propio país, invitándolo como solista a las orquestas profesionales locales. De gran vuelo -nuevamente, impacta su proyección sonora, constituyendo seguramente el sonido más grande que se haya escuchado a un violinista en vivo-, Loewe enfrentó con aplomo inusitado el Concierto de Tchaikovsky, con certero idiomatismo, calidez de texturas, inteligente sentido de los acentos (certera intuición en dar relieve a los agitanados giros presentes en la obra) y de completa linealidad global de discurso (buen manejo de las transiciones temáticas y desarrollos). A pesar de encontrarse en formación, Bastian Loewe es una realidad artística de relevancia, debiéndose estar muy atento a su desarrollo. Por algo el “respetable…” le confirió -con absoluta empatía- el Premio del Público. .. En suma, una versión de gran nivel de la última mención violín del Concurso Dr. Luis Sigall, con falencias de promoción que urge remediar, y un resultado donde el público sabiamente justipreció las posiciones alcanzadas…

“BATUTAS CHILENAS DE ELOCUENCIA”

• Importantes presentaciones ofrecieron los directores Francisco Rettig y Maximiano Valdés, recientemente en Santiago. De una misma generación y coincidiendo con algunos de los más relevantes maestros del siglo XX durante sus etapas formativas, los directores Francisco Rettig y Maximiano Valdés son parte de las más destacadas batutas chilenas en los últimos cincuenta años. La importante contribución de ambos a su propio país, más sus destacadas carreras internacionales, dan fe de solvencias artísticas de relevancia. Francisco Rettig, actual titular de la Filarmónica de Medellín (Colombia) y de la Orquesta Clásica del Maule (Chile), ofreció un concierto con esta última agrupación el día 23 de octubre pasado en el GAM, constituyendo el debut de dicha orquesta en Santiago. La Orquesta Clásica del Maule, agrupación de poco más de 30 integrantes y con menos de 10 años de existencia, ha sido dirigida desde su inicio por Francisco Rettig, con un trabajo que cosecha crecientemente importantes frutos de consolidación. Interesante fue apreciar a esta destacada agrupación después de 6 años, cuando se presenció, con el mismo Rettig en la batuta, una excelente producción de Tosca, en una gira al Teatro Municipal de Viña del Mar. Y si bien en aquella oportunidad la orquesta estuvo muy reforzada por el numeroso orgánico instrumental requerido, ahora pudo verse a la planta estable, y en consecuencia con mayor objetividad de perfil. Abrió la presentación en Santiago con una ajustadísima versión de la Obertura de “La Cenerentola”, de G. Rossini, Como buena pieza rossiniana, ésta demanda pasajes de extrema exposición, requiriendo de fuerte concentración para lograr las cautivantes transparencias y dinámicas características. Rettig y sus músicos mostraron excelencia idiomática y de ejecución. Del chileno Javier Farías (1973), compositor de interesante trayectoria internacional, se contempló su Concierto para 2 Guitarras. Estrenada en el 2011, esta obra posee interesantes tratamientos tímbricos para los solistas y orquesta, esta última con un amplio contingente instrumental. Con un cautivante inicio (secuencia incoada por un duo de 2 contrabajos, seguido de 3 cellos, posteriormente 3 violas y ampliado luego a toda la cuerda), crea una suerte de misterioso contexto atmosférico para las posteriores intervenciones solísticas, de carácter en general introvertido, cuyos desarrollos transitan anímicamente por diversos estados, amén de una curiosa amalgama estilística. Como solistas se contó al destacado duo de los guitarristas chilenos Luis Orlandini y Romilio Orellana, quienes entregaron una comprometida versión de la obra. Y el trabajo de concertación de Rettig, de completo oficio. Como obra final, la exigente Sinfonía N° 1 “Clásica”, de S. Prokofiev. Esta sinfonía -tributo al clasicismo musical, como modelo de tradición (y, porqué no, de “evolución”…)- es una muestra de fuertes exigencias para toda orquesta, requiriendo prístinas transparencias en texturas y debida limpidez de colores, amén de una fuerte concentración frente a una exigente variedad rítmica y dinámica. La versión de Rettig, de completa maestría, enfatiza en una absoluta organicidad estructural, de claridad discursiva apabullante –con verdadero sentido del todo-, y a su vez un acabado análisis de detalles que hacen de su lectura una experiencia única. La respuesta de los maulinos fue de excepción, validando todo un trabajo de seriedad y profesionalismo, esperando prontamente asiduas visitas a Santiago y Regiones, asimismo, la necesidad de contar con el Maestro Rettig como invitado más frecuente en las orquestas capitalinas… Maximiano Valdés, de relevante trayectoria internacional, ha tenido durante el presente año una serie de presentaciones en Chile, comenzando en mayo pasado con una solvente lectura de la Quinta Sinfonía de G. Mahler junto a la Filarmónica de Santiago, posteriormente, en agosto, una recordada presentación con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en el CA 660 (dirigiendo una excelente versión de la Misa Romana, de Sylvia Soublette, más una versión de gran impacto de los Cuadros de una Exposición, de Mussorgsky/Ravel). Recientemente, Valdés regresó para dos programas junto a la Sinfónica de Chile, pudiendo presenciar sólo las segundas partes de cada uno, con la Sinfonía N° 3 de J. Brahms y la Sinfonía Fantástica de H. Berlioz. En el caso de la sinfonía brahmsiana, las expectativas eran altas, dadas sus complejas exigencias musicales y técnicas. Normalmente es el Talón de Aquiles para los directores y las orquestas, y en general las experiencias locales no han sido siempre auspiciosas cuando se la ha programado. Felizmente, la versión de Valdés hizo gala de autoridad y oficio, con un elocuente sentido del todo, amén de un respeto irrestricto a las indicaciones del compositor, dejando discurrir naturalmente toda la vena melódica inserta y en total apego a las marcaciones severamente establecidas por Brahms. Gran trabajo en dinámicas y matizaciones, amén de una adopción de tempi de notable equilibrio contrastante y en total servicio a una arrebatadora progresividad expresiva. La respuesta de los sinfónicos fue de completa adhesión a esta solvente versión, destacándose un excelente rendimiento de los bronces y especialmente la cuerda media y alta. Un triunfo artístico inapelable… Y la semana siguiente, con la Sinfónía Fantástica, era menester esperar un alto rendimiento, al presenciársele a Valdés sus dos presentaciones de 1991 y 2004 con la Filarmónica, ambas de gran recuerdo. Afortunadamente, esta obra ha gozado de buenas versiones localmente, no siendo la excepción en esta oportunidad. De gran afinidad con Berlioz, Valdés es escrupuloso en recalcar lo macro, servido a su vez por un acertado (y empático) criterio de disposición de acentos, dinámicas y transparencias en función del todo. Y la Sinfónica, atenta y motivada, brindó una respuesta de completa excelencia, constituyendo otro hito relevante a lo largo de la presente temporada. En suma, presentaciones de gran solidez por dos de las más notables batutas chilenas de las últimas décadas, demandándoseles cada vez mayor presencia local.

“UN CICLO DE PARCIALES LOGROS”

• Con resultados artísticamente variables, más una débil asistencia de público predominó en el ciclo “Luz, movimiento, voz y orquesta“, en el CA 660. Si bien el primer programa del ciclo “Luz, movimiento, voz y orquesta“ tuvo magníficos resultados artísticos, lamentablemente no hubo correspondencia de buena asistencia de público conforme la jerarquía de lo ofrecido, lo que se consignó en un comentario previo, instando a reforzar la promoción del mismo. El mismo resultado de público se dio en el segundo programa, aunque notoriamente mejorado en el último, evidenciando falencias comunicacionales globales y obligando a re-plantear programáticamente una mejor disposición de las obras menos conocidas con aquellas que generan mayor convocatoria. Habiendo presenciado el ciclo en su integridad, a la postre no resultó ser orgánicamente coherente, a pesar de haber contemplado obras en sí mismas muy necesarias de hacerse, y de ahí el interés de concurrir a todos los programas. Pero hubo otras que simplemente no revistieron interés, amén de una inadecuada disposición en relación al resto, confundiéndose el genuino sentido del contraste con incoherentes variedades. Conciertos misceláneos, inteligentemente dispuestos, son atractivos, siempre y cuando exista rigor estético inherente. A pesar del carisma infundido por el director español Josep Vicent, los resultados junto a la Sinfónica de Chile en las dos últimas jornadas evidenciaron sinuosidades, con erráticos enfoques musicales más desparejos desempeños de la decana sinfónica nacional. El segundo programa contempló el estreno de la Segunda Sinfonía del británico Michael Nyman (1944), compositor de asidua colaboración para el cine, asimismo con un amplio catálogo de obras en diversos formatos. De directa suscripción al minimalismo musical, esta obra es parte de una colección de piezas previas organizadas en formato de sinfonía. De excesiva duración y con un inentendible sentido del contraste, la obra no cobra mayor interés al no disponer de un material discursivo de atractivos desarrollos. Josep Vicent, comprometido difusor de las obras de Nyman, obtuvo ajuste de la decana, aunque costó apreciar debidas diferenciaciones de planos sonoros, y consecuentemente de monocorde resultado. Posteriormente se presenció el estreno de “Invocation”, para cello y orquesta, del también británico Gustav Holst (1874-1934). Esta obra, de no más de 12 minutos de duración, es de entrañable lirismo, directo encanto y colorística en su orquestación. Como efectivo solista, el francés Emmanuel Bleuse, de cálido y envolvente sonido, brindó profundidad interpretativa. Buen acompañamiento de Vicent junto a la decana. Sin embargo, resulta inconveniente desaprovechar la visita de un solista del hemisferio norte para una obra tan corta y de pocas complejidades técnicas. Mejor hubiera sido agregar otra pieza para cello y orquesta de corta duración, y no haber prodigado casi 30 minutos a la sinfonía de Nyman… . Con “Petroushka”, de Igor Stravinsky, culminó el segundo programa. En rigor, se ofreció la versión de 1948, que no recrea todo el ballet, pero sí la mayor parte. Usualmente en conciertos se hace la versión íntegra, que se enriquece justamente por la profundidad del final, de fantasmal carácter. La interpretación de Josep Vicent enfatizó más lo rítmico que lo colorístico. La respuesta de la orquesta se percibió globalmente desarmada, ante las confusas indicaciones de la batuta, aunque de excelentes logros solísticos (función del día 5 de septiembre). El último programa (función del día 12 de septiembre), fue de curiosas originalidades aunque de claras incoherencias. Por lo tanto, debiera ponderarse desde la óptica de un “variopinto espectáculo” por sobre debido rigor estético, en parte al darse un enfoque de separados contextos (se dispuso de dos intermedios), quizás para darle sentido a cada obra como un universo en sí mismo y sin mediar orgánica relación con las demás… . Ergo, una muy peculiar visión… . Interesante fue comenzar con el “Bolero” de M. Ravel, lo que no es habitual. Pero injustificado haber hecho una pausa de 15 minutos para dar paso a Rhapsody in Blue de G. Gershwin, y finalmente esperar otros 20 minutos para la última obra, el estreno del “Prometeo, Poema del Fuego”, de Alexander Scriabin. En el caso del Bolero, Vicent le imprimió un enfoque de calibradas y sugerentes sutilezas al comienzo -con delicados pianos y buen sentido del color-, pero al último tercio inadecuadamente privilegió tempi apurados que afectaron la claridad expositiva (transparencia) de las familias instrumentales. En Rhapsody in Blue, se contó con la participación del pianista español Ricardo Descalzo. De enfoque no del todo idiomático, Descalzo saca adelante la obra con académica objetividad por sobre el auténtico sentido jazzístico esperado, optando (y abusando) de tempi excesivamente lentos, y no obteniendo un sonido brillante y debidamente proyectado del instrumento, no obstante una coherente hilvanación de las ideas musicales. El complemento de Vicent no discurrió por mejor carril, acusando abrumadora pesadez sonora y carencia de estilo (innecesario haber dispuesto un excesivo contingente de músicos para una obra que en sí funciona mejor en orgánicos más reducidos), no ayudando al solista, y cubriéndolo reiteradamente al no brindarle debido balance. Aunque imposible encontrar relación con la obra de Gershwin, finalmente el esperado estreno del “Prometeo, Poema del Fuego”. Aquí pudo verse a Josep Vicent más cómodo (como en El Divino Poema scriabiniano, del primer programa), ofreciéndose una coherente versión. Quizás, a ratos, hubo una ansiosa e innecesaria rapidez de tempi que no ayudó a develar mayor profundidad de la compleja trama interna. Muy buena participación de Alexandros Jusakos como solista en piano (en reemplazo de Luis Alberto Latorre, y que no fue consignado en el programa de mano ni tampoco anunciado al público…). Igualmente, buena participación de la Camerata Vocal de la Universidad de Chile. La proyección de luces contemplada por Scriabin (originalmente para un clavier a lumieres, teclado de luces) fue más decorativa que inmanente, no existiendo plena coherencia con el discurso musical. Mejor no haber dispuesto de tales proyecciones, o bien haber optado por una “puesta en escena” de menores pretenciones, como tocar a media luz (como se hizo) con alguna discreta proyección lumínica, pero de mejor sentido atmosférico. Lamentable e innecesariamente, después de la profundidad del Prometeo…, Vicent decidió repetir la última sección del Bolero…. , quizás pensando en el espectáculo por sobre lo intrínsecamente artístico. Y ante la receptividad del público, se ofreció como segundo encore “Serenity” del noruego Ola Gjeilo, pieza para coro acompañado de un cello, de ascético carácter, ayudando a compensar el extemporáneo extracto bolerístico-raveliano anterior. En suma, un ciclo que necesariamente había que estar presente, por la originalidad de la mayor parte de las obras, no obstante haberse requerido mayor rigurosidad estética en su organicidad, y de resultados con parciales logros.

“GIANNI SCHICCHI” PARA TODOS

• Con fuerte demanda de público, la ópera Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini, se presentó recientemente en el Teatro Municipal de Las Condes. Para el género de la ópera -la suma de todas las artes- los espacios alternativos a los coliseos-factoría tradicionales (con cuerpos artísticos y esceno-técnicos estables), inevitablemente están en función del interés social por consumir mayormente este escaso bien (de cultura), más la capacidad de los gestores culturales en ser eficaces para ofrecer un producto de acabada calidad. Actualmente se aprecia una creciente demanda de público por dicho género, asimismo existe una mejor dotación de artistas y soporte técnico para facilitar un buen desarrollo del rubro. Esto hoy se evidencia en la buena cantidad de cantantes, directores de escena, diseñadores y gestores culturales especializados, permitiendo ofrecer productos de calidad, y complementando la casi monopólica oferta de ópera, radicada tradicionalmente en el Teatro Municipal de Santiago. Con certera visión de acercamiento a un público transversal, Miryam Singer, destacada directora de escena, diseñadora teatral, vestuario e iluminación, y recordada ex cantante, llevó a cabo, por tercer año consecutivo en el Teatro Municipal de Las Condes, un nuevo título de ópera, esta vez con “Gianni Schicchi”, de G. Puccini. Sin duda, este título pucciniano constituyó una inteligente elección, por las bondades de un notable argumento más su perfecta correlación musical, amén de permitir una eficaz (y eficiente) puesta en escena, al no disponer necesariamente de complejos requerimientos escénicos ni tampoco gran masa coral (sólo 15 solistas), aunque sí una orquesta grande. En consecuencia, para adaptarse a las condiciones del Teatro Municipal de Las Condes -de interesantes dimensiones de escenario, pero limitado foso orquestal-, se recurrió a una excelente reducción hecha por Héctor Panizza (25 músicos), de total idiomatismo y clave para poder factibilizar debida adaptación a cualquier tipo de espacio. Si bien el argumento es muy preciso en cuanto a la época, más ciertos elementos propios a dicha realidad (la acción transcurre en Florencia, en 1299), sin embargo hay singularidades de perenne actualidad y propias de la condición humana, como la farsa, la codicia, la mentira, la burla y la autojustificación, elementos que permiten un enfoque de arriesgada atemporalidad, como fue en esta oportunidad. Situada en pleno siglo XXI, más una grotesca caricaturización de los personajes (más siniestros), la puesta avanza sin tropiezos y en perfecto arreglo al farsesco cuadro. Excelente ambientación escenográfica (eficiente ocupación del espacio, magnífica disposición de elementos corpóreos y cuidados detalles en decorados y proyección de imágenes multimedia, especialmente hacia el final, en el instante en que la parentela del finado arranca), como un empático diseño de vestuario para cada personaje. En lo musical (función del 28 de agosto) se contó con una magnifica dirección de Eduardo Browne, quien auscultó con elocuencia la trama interna de la obra, amén de un autorizado trabajo con el excelente ensemble de músicos convocados y voces. Del elenco, loas sin excepción, dándose total compactación de resultado, propio de una compañía con años de trabajo conjunto, lo que habla magníficamente del actual estado de las voces en Chile. En especial debe destacarse a Javier Weibel como Gianni Schicchi, de pareja línea de canto, y en total sintonía y naturalidad al complejo requerimiento del rol. Lo mismo Carla Paz Andrade, como Lauretta, de aterciopelada voz, estupendamente proyectada más una encantadora presencia. Pedro Espinoza, como Rinuccio, quien nuevamente confirmó su sólida formación y sus privilegiadas condiciones de tenor lírico en leve camino hacia lo spinto. Notable el desempeño de Angélica Cárdenas, como Zita, de excelente material vocal y deslumbrante actuación. Y de excelentes cometidos Cristián Reyes, como Simone, Sebastián Gutiérrez, como Gherardino, y Yeanethe Münzenmayer, como Nella. En suma, un nuevo triunfo de la ópera en espacios no tradicionales, permitiendo un creciente acercamiento del público al género, mediante una puesta en escena de inteligente adaptabilidad y con magistral logro artístico.

IMPORTANTE INAUGURACIÓN DE CICLO

• Con la destacada cantaora Ginesa Ortega, junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por el español Josep Vicent, se inauguró el ciclo “Luz, movimiento, voz y orquesta”, en el CA 660. De importante interés programático, con varios estrenos, el ciclo “Luz, movimiento, voz y orquesta”, organizado por la Fundación Corpartes en su magnífico teatro Centro de las Artes 660 (CA 660), ha congregado a la Orquesta Sinfónica de Chile, junto a diversos solistas internacionales y la dirección de Josep Vicent, ampliamente conocido en el medio nacional. Lamentablemente, para el primer programa, la concurrencia de público fue escasa (sábado 29 de agosto), situación que obliga imperiosamente fortalecer los esfuerzos de difusión para el resto de las presentaciones, al tratarse de un ciclo desarrollado en el teatro de mejor acústica de Santiago, y donde no es habitual que las orquestas locales mantengan continuidad de presentaciones allí, amén de las bondades programáticas inherentes. Este caleidoscópico ciclo, incluye un orgánico con tres originales y contrastados programas, consultando, el primero de ellos, la Suite de El Amor Brujo, de Manuel de Falla, y el estreno en Chile de la Sinfonía N° 3 “Divino Poema”, de Alexander Scriabin. Con la solvente presencia de Ginesa Ortega, famosa cantaora española, se ofreció una versión atípica de la Suite del Amor Brujo, por cuanto no es usual presenciarla con un enfoque genuinamente popular (casi siempre con mezzo o contralto solista, o simplemente sin solista vocal), como tampoco con la declamación de parte de los textos originales (primera versión, de 1915), complemento relevante aportado en esta oportunidad (en base al material de la versión de 1925). El resultado de Ginesa simplemente fue de excepción, magnetizando con inusual fuerza expresiva desde el instante que entró al escenario, generando idiomática síntesis músico-teatral. Impresionante la profundidad en su declamación, disposición gestual en todo momento y desgarrador canto (muy sólida en las agitanadas inflexiones). Y Josep Vicent, fundamental en su entrega, disponiendo ora neurálgica rítmica ora generosa eufonía, más certeros efectos colorísticos y total consubstanciación con la autorizada solista. La respuesta de la decana fue de completo ajuste y hermosura de sonido. Sin duda, un importante hito artístico, del cual el público premió con interminables aplausos. Alexander Scriabin, injustamente postergado por años en las temporadas musicales del país, llega con el estreno de su Tercera Sinfonía “El Divino Poema”, obra clave y punto de inflexión de la compleja estética que el compositor iría desarrollando. De explícita suscripción al pensamiento “teosófico”, imbuido también de la supremacía del hombre nietzscheriano, más una inevitable dosis esotérica, esta fusión de corrientes tiene magnifico correlato con el discurso musical desarrollado por el compositor, por la solidez de sus estructuras formales (acabado desarrollo de la forma sonata más un notable uso de los leiv motiv, como eficaces recursos para describir las fuerzas en pugna, de clara dialéctica…), y su extraordinaria construcción armónica y de orquestación. Con una Sinfónica debidamente reforzada ante los numerosos requerimientos (entre otros, con 8 trompas, 5 trompetas, 2 arpas), más la inmejorable colaboración de una acústica privilegiada, Josep Vicent firmó una versión de sumo respeto, acertado sentido del todo y fiel reflejo del pathos inserto. De completo idiomatismo, Vicent construye una interpretación que privilegia la transparencia en todas las familias instrumentales, facilitando la cabal fluidez en los desarrollos y transiciones temáticas, develando con nitidez la compleja arquitectura compositiva. Importantes logros en dinámicas, gradación de planos sonoros y progresiones expresivas. La calidad de respuesta de la Sinfónica fue de excepción y de total compromiso artístico. El público, con entera justicia, fue contundente en manifestar su completo beneplácito a este relevante estreno, por la importancia de la obra y su espléndida interpretación. En suma, una importante inauguración de un ciclo, el cual amerita la más alta concurrencia para las jornadas que siguen.

“EL TURCO EN ITALIA”: IMPORTANTE PRODUCCIÓN

• Entre los días 14 y 22 de agosto 2015, en el Teatro Municipal de Santiago, se presentó la ópera “El Turco en Italia”, de Gioacchino Rossini, en co-producción con el Teatro del Capitolio de Toulouse. “El Turco en Italia”, cuarto título de la actual temporada de ópera del Teatro Municipal de Santiago, corresponde al decimotercer título de la vasta producción operística del genio de Pesaro, y que constituye, ora un interesante punto de inflexión en cuanto a declarada irreverencia argumental ora un progreso indiscutido de los recursos musicales que el compositor iría desarrollando. Esta opera buffa, género del que Rossini es un magistral exponente, tuvo la feliz coincidencia de poder trabajar sobre la base de un argumento de Felice Romani, importante libretista de la época, para sacar adelante una obra que delinea notablemente situaciones de reales ocurrencias. A la vez, en óptica actual, este libreto adquiere plena actualidad al sincerar, sin tapujos, situaciones impensadas de ser transparentadas socialmente en su época, como la descarada infidelidad de Fiorilla a su esposo, don Geronio, con magistral sentido de progresión dramática. En lo musical, existe una batería de efectivos recursos que recrean casi a la perfección los perfiles de los personajes y situaciones, como el uso de los exquisitos y característicos crescendos rossinianos (para resaltar momentos de mayor tensión e hilaridad), amén de un tratamiento muy particular del tejido orquestal, en cuanto disponer de un orgánico instrumental algo más numeroso en comparación a lo que se usaba en las óperas de la época, ofreciéndose una novedosa exploración de timbres y colores que colaboran al protagonismo de la orquesta como relevante elemento expresivo. Esta co-producción de los coliseos de Santiago y Toulouse -con estreno en la capital chilena- constituyó en lo escénico un triunfo cabal, por cuanto se tuvo plena coherencia entre un hiperrealismo visual (notable la recreación de la calle napolitana donde se desarrolla la acción) respecto a la abstracción temporal (ambientación hacia los años 50 del siglo XX), todo perfectamente conjugado con el libreto, de clara atemporalidad. Extremadamente interesante el sentido de la “composición escénica”, de calibrada gradualidad, ayudando a un completo y progresivo involucramiento en la acción (desde la obertura, donde empieza a armarse el cuadro visual, más diversos instantes en que van introduciéndose ordenada y limpiamente toda la diversidad de elementos). Quizás, a ratos, se despliegan ciertos abultamientos que distraen un poco la atención, ameritando profundizar viéndola por más de una ocasión (felizmente, se pudo estar en tres funciones), para captar toda la riqueza de detalles presentes. Lo anterior sin duda es mérito del equipo liderado por el regista español Emilio Sagi, de solventes credenciales por sus anteriores colaboraciones al Municipal, más Daniel Bianco como escenógrafo, Pepa Ojanguren como vestuarista y Eduardo Bravo como iluminador, firmando una producción de notables méritos globales. En lo musical, importante mérito recayó en la batuta del español José Miguel Pérez-Sierra, quien debutó el año pasado en Los Puritanos (Bellini) con resultados desparejos. De completo idiomatismo, los tempi adoptados tuvieron absoluto arreglo a los requerimientos escénicos, como una completa visión del todo, más un puntilloso trabajo en las diferencias de planos, dinámicas y fraseos. Sin embargo, no siempre la orquesta rindió homogéneamente, en especial a lo largo de la obertura (pasajes sucios del corno solista, crudo sonido de los cellos y problemas de ajuste generalizado) y buena parte del primer acto (desafinaciones en las cuerdas y desajustes en las maderas), fundamentalmente ante las no menores dificultades y sobreexposición de todas las familias instrumentales. Con un elenco encabezado por los mundialmente reconocidos Alessandro Corbelli (Don Geronio) y Pietro Spagnoli (Selim), seguidos por Keri Alkema (Fiorilla), Luciano Botelho (don Narciso), ZhengZhongZhou (Prosdocimo, el poeta), Daniela Ezquerra (Zaida) y Francisco Huerta (Albazar), se obtuvo un resultado no siempre parejo, al tener brillantes cometidos en todo orden de Corbelli (bien en lo vocal, amén de consumado actor) y Spagnoli (siendo barítono, pudo acomodarse sin problemas al rol de Selim, que es para bajo), aunque rendimientos dispares en el resto del primer elenco. Keri Alkema, de irregulares resultados en la reciente Madama Butterfly, vuelve a pocas semanas al Municipal para un rol que no se aviene con sus características vocales, principalmente al no tener resuelto su origen de mezzo con su actual registro de soprano, constituyendo un híbrido que cuesta delinearlo dentro de un perfil específico, no obstante su belleza de timbre. Sus falencias discurren en destemples de espesor vocal (pesadez y ausencia de estilo) más problemas en el passaggio y coloraturas sin cristalinidad. Lamentablemente, confirmó las pocas expectativas que podían esperarse de ella para asumir un rol rossiniano, no entendiendo las razones de traer a una cantante inadecuada en este caso, lo que demanda revisar los criterios para contratar voces ad-hoc… Del resto del elenco, correcto en lo vocal, aunque sin trascendencia actoral, de ZhengZhongZhou, como el poeta Prosdocimo. Luciano Botelho, como don Narciso, con graves problemas en la tesitura alta, estridente y de sucia coloratura. Daniela Ezquerra, como Zaida, de respetuoso cometido, aunque no necesariamente cómoda para el rol. Y Francisco Huerta, como Albazar, un interesante descubrimiento por su buen material canoro, el que debe seguir perfeccionándolo. El segundo elenco, también musicalmente a cargo de Pérez-Sierra, fue casi ciento por ciento nacional, brindando nuevamente altísimas satisfacciones (pudo verse sus dos presentaciones). Lo más meritorio constituyó el alto grado de homogeneidad de resultado, propio de una compañía con años de trabajo conjunto. Interesante cómo en lo musical Pérez-Sierra pudo adecuar tempi y acentos, conforme las características de este segundo elenco, imprimiéndole en varios pasajes mayores agilidades, y consecuentemente un resultado más burbujeante. Notable labor recayó en Patricia Cifuentes como Fiorilla, que contrastó en todo sentido con Keri Alkema, al poseer los atributos propios del rol (soprano coloratura), estilísticamente acorde y con técnica totalmente resuelta. Otros triunfadores de este elenco fueron Ricardo Seguel (Selim), quien cómodamente cantó como bajo; Sergio Gallardo (Don Geronio), de contundente material, pareja línea vocal y notable actuación; Patricio Sabaté (Prosdocimo), de sobresaliente cometido, y Yaritza Véliz (Zaida), absolutamente ajustada al rol y valor emergente de tener en cuenta. Lamentablemente, se trató sólo de dos funciones… , demandándose al Teatro Municipal de Santiago un mayor impulso a la “ópera nacional”, ya sea asignando roles principales en los primeros elencos a connacionales que cada vez se destacan , y ofrecer más títulos anuales (pre y/o post temporada) con los mejores artistas locales.

TEATRO MUNICIPAL DE SANTIAGO: ¿QUÉ ESTÁ EN JUEGO?

• A días de cesar en sus funciones el actual Director General del más antiguo y emblemático coliseo artístico nacional, surgen más interrogantes que seguridades sobre su futuro… Después de 34 años de vinculación con el Teatro Municipal de Santiago, Andrés Rodríguez deja la Dirección General del mismo, luego de un proceso donde la actual Alcaldesa de la ciudad y Presidenta de la Corporación Cultural de Santiago, directamente le pidiera la renuncia. Por cierto, esto adquiere fuerte gravitación en el mundo cultural del país, dado que este teatro-factoría alberga cuerpos artísticos estables de relevancia como la Orquesta Filarmónica, el Ballet y Coro Profesional, más un importante staff esceno-técnico, que hacen posible la producción de óperas, ballet y conciertos. Un juicio sobre los aciertos y desaciertos de Rodríguez en estos más de 30 años, hay que mirarlos con serena perspectiva y no con antojadizas visiones, por cuanto de ninguna manera es acotada (y exclusiva)a su gestión de Director General la internacionalización del Teatro, más el importante salto cualitativo experimentado por los cuerpos estables -impulsado principalmente en la época de Jaime Valdivieso y luego con Luis Osvaldo de Castro, con las reformas de la Filarmónica y el Ballet, convocando a Juan Pablo Izquierdo e Ivan Nagy para tales tareas, asimismo la creación del Coro Profesional-, ejes fundamentales de las temporadas. Lo que sí debe reconocerse es su firme voluntad en custodiar una línea editorial de tradicional perfil de las artes musicales doctas, tarea no menor al observar hoy presiones mal concebidas en cuanto a pseudas aspiraciones de brindar mayores espacios a lo “popular”, elemento irredargüiblemente fagocitario a lo que es en sí una casa de ópera desde su fundación. Como regla general, las administraciones excesivamente prolongadas son susceptibles de malograrse, y en el caso de Rodríguez de ninguna manera le es eximible… De hecho, imposible dejar de mencionar su fallido manejo del traumático conflicto con la orquesta en el 2006, quedando ésta reducida a un tercio y jamás recuperando ni la cantidad ni calidad de los músicos que logró tener. Sostener lo contrario es caer en engañosa autocomplacencia respecto a una pésima decisión, incidiendo en la calidad artística al tener prácticamente que re-fundarla. A esto debe añadírsele la cuestionable señal en la forma cómo posteriormente se conformó la actual Filarmónica, mediante impúdicas audiciones extendidas hacia el hemisferio norte… (cuando el uso y costumbre es hacer concursos en el país, con invitaciones abiertas internacionales, pero siempre invitando a los extranjeros para audicionar en el país). Esto devino en tener una orquesta erróneamente internacional que llegó a tener un casi 50% de extranjeros, de calidad estándar y privando a connacionales de iguales o mejores méritos para integrarla… En lo programático podrán discutirse sus aciertos y desaciertos, pero ciertamente es plausible haber consolidado la inclusión de nuevos repertorios, principalmente en la ópera, aunque a veces (especialmente durante el presente año) con malos resultados de asistencia de público, y por lo tanto, deduciendo inevitables déficits. Además, desde el 2007, imposible soslayar la decreciente calidad global de los elencos internacionales de las óperas (en no pocos casos, los elencos nacionales con mejores rendimientos). Además, erróneas decisiones en designar a algunos titulares de la actual Filarmónica, que no estuvieron a la altura artística de sus predecesores… , amén de una errática calidad de directores y solistas invitados, y una parrilla programática hostigosamente poco interesante... La gestión económica de Rodríguez no fue precisamente la de un administrador eficiente de recursos, puesto que desde un comienzo él dispuso de presupuestos holgados y que fácilmente eran objeto de suplementos desde el gobierno central (recuérdese que Rodríguez inició su colaboración en dictadura…, situación que luego cambió radicalmente frente a las nuevas prioridades del país, debiendo contar con marcos presupuestarios más acotados y mayores exposiciones de control político). La manutención de un teatro-factoría es altamente complejo, máxime si se quiere mantener un alto nivel de producción. De allí que no resultó pertinente apostar a una explosiva inversión en producciones sin respaldos sólidos y no acomodados a las factibilidades reales, observándose consecuentemente cifras rojas que en algún momento comprometieron la continuidad del teatro… . Es cierto que Andrés Rodríguez coadyuvó a posicionar el nombre del Teatro Municipal de Santiago en un circuito de interesante gravitación internacional, aunque dando continuidad a una política en tal sentido de la que él se sumó. El perfil internacional del Teatro Municipal animó a la autoridad edilicia a decidirla realización de un concurso internacional para cubrir la Dirección General del mismo, recayendo tal nominación en Monsieur Frédéric Chambert, actual Director General del Teatro Capitolio de Toulouse. Sin embargo, es menester reparar en la imposibilidad de haber confiado tal cargo directamente aun connacional. De hecho, el candidato natural y que generaba amplio beneplácito en el foro local, Maximiano Valdés, se le privó la opción de asumir la Dirección General, debido a “curiosas rigideces” en la forma cómo se condujo el proceso de selección. Sin lugar a dudas, Valdés, por su solvencia artística más su profundo conocimiento del Teatro y distinguida procedencia, reunía todos los atributos para fidelizar abonados, auspiciadores y convocatorias públicas para una continuidad global. En cuanto a cómo monsieur Chambert recibirá el Teatro… , preocupa ver el contexto económico en el cual se encuentra la Municipalidad de Santiago, sostén primordial del Teatro Municipal (especialmente en lo que pudiera ocurrir con la manutención de los cuerpos estables y personal esceno-técnico), lo que es una incógnita. Adicionalmente, conforme el anticipado anuncio de la temporada 2016, que se vislumbra ambiciosa, habrá de suponerse (esperando no tener equivocación en ese interregno) que debiera estar debidamente respaldada, bajo el supuesto de una no emigración de auspiciadores más una debida venta de abonos, elementos vitales para la debida continuidad. Lo anterior no es trivial, dado que ha podido observarse que la cantidad de abonados ha bajado, siendo frecuente ver a un público no habitual conforme los perfiles históricos. También se sabe de la baja de algunos auspiciadores, y no teniéndose claro la llegada de otros… , amén de una nueva realidad en la oferta de música docta (como Corpartes) y la inevitable situación de congestión vial para llegar al centro de la ciudad, donde se emplaza el Teatro Municipal, elementos que generan interrogantes respecto a los desafíos (no menores) en cómo el nuevo Director General resolverá… En suma, la gestión de Andrés Rodríguez en tres décadas al mando del Teatro Municipal de Santiago, inevitablemente se tradujo en luces y sombras, de las que hoy en vez de proyectar un auspicioso futuro, plantea inmensas interrogantes…