viernes, 7 de julio de 2017

“UN BUEN SOLISTA NO BASTA…”

Con la presencia de la Orquesta Sinfónica del Estado de Estambul dirigida por Milan Turkovic junto al famoso violinista ruso Vadim Repin, conformaron el tercer programa de abono de la temporada de Corpartes, en la sala CA660. Luego de una triunfal presentación de la Kammerakademie Potsdam junto a Trevor Pinnock y Emmanuele Pahud, las altas expectativas de esta presentación estaban mejor cifradas en la figura de Repin -sin duda uno de los más grandes violinistas en los últimos 20 años- por sobre la orquesta visitante (que reemplazó a la originalmente prevista, la Filarmónica de Praga). Conforme los estándares de agrupaciones que han venido a Corpartes, el debut de esta orquesta turca no gravitó mayormente en calidad, no obstante demostró debido profesionalismo y entrega. Quizás la figura del maestro invitado Milan Turkovic -destacado fagotista y de interesante experiencia como director- no fue la más indicada en haberle sacado mayor partido a su potencial, al no percibirse un fino trabajo de resolución sonora que definiera mejor su impronta, percibiéndose a una agrupación sin mayor personalidad de conjunto, no obstante con fortalezas individuales (buenas maderas, bronces y percusión, aunque cuerdas no homogéneas, con disciplinada fila de violines, pero imprecisa y débil presencia de la cuerda baja). Como primera obra se ofreció de Nevit Kodalli (1924-2009) la Suite “Telli Turna”, amable pieza como para conocer algo del movimiento composicional docto turco. Escrita en 1969 y de claras raíces nativas, esta obra alude al nombre de un ave típica del Asia Central. La entrega obtuvo animado e idiomático carácter. Seguidamente, una esperada versión del Concierto para Violín de Jan Sibelius junto a Vadim Repin, debutante también en Chile. De personal y virtuosa escritura, este concierto es fundamental en el repertorio para violín por su compleja estética y discurso. Requiere verdaderamente de un “súper solista” más un magnífico director. Esta verdadera “sinfonía con violín solista” debe conjugar ora desgarro ora equilibrada dosis de contención, para no caer en lo almibarado ni menos en lo neurótico, dada su monolítica estructura, entre fría, pesada y oscura, aunque de genuina expresividad de sentimientos y en directa clave romántica. Vadim Repin, a quien se le conocía su versión del Sibelius, no defraudó en enfoque, proveyendo el recio carácter requerido, con amplias (y sentidas) exposiciones melódicas, equilibrados tempi, precisos ataques e inteligencia en la administración de los matices y planos sonoros. De pasmosa calidad de sonido, saca máximo partido a su actual instrumento (un magnífico Stravidari de 1733 “Rode”), con una proyección sonora generosa y envolvente, no siempre cálida, aunque de completo idiomatismo para la obra. Lamentablemente, la correspondencia de la orquesta y la batuta no estuvieron al nivel del magnífico solista, con marcaciones imprecisas, entradas falsas de la orquesta y momentos de peligrosos descuadres, incidiendo algo en el rendimiento del solista, especialmente en el complicado tercer movimiento, de rapsódico carácter e implacable precisión rítmica. Lamentablemente, Repin no se animó a ofrecer algún encore… : ¿En señal de incomodidad?... En la segunda parte, con la Octava Sinfonía de A. Dvorak, obra ofrecida semanas atrás por la Sinfónica Nacional en una versión de absoluta referencia dirigida por Josep Caballe, no dejaba de tener expectativas la versión de los turcos junto al austríaco-croata Milan Turkovic. Si bien no hubo deseable homogeneidad global (balances y timbres), empero las ideas musicales del maestro Turkovic dieron cuenta de buen conocimiento de la obra y certero enfoque. No obstante la crudeza de tuttis más débiles resoluciones de dinámica (básicamente en el primer movimiento), hubo interesantes logros, como una lúdica construcción del segundo movimiento (amable juego en los ritardando y accelerando, no perdiendo sentido de contexto), cálido enfoque en el tercero y cautivante progresión expresiva en el cuarto. Muy buenos rendimientos individuales como los del flautista solista y maderas en general, asimismo buena respuesta de los bronces (en especial la trompeta solista). Ante la buena recepción de la audiencia, fuera de programa se ofreció "Scherzo" (parte de "Esintiler" (Inspiraciones)), colorística pieza del compositor turco Ferit Tuzun (1929-1977), basada en un canto popular, y una ajustada versión de la Obertura de Las Bodas de Figaro, de Mozart. En suma, una interesante presentación, con un solista de fuste que dio cuenta de su trayectoria, aunque no con el nivel de complemento deseado…

miércoles, 5 de julio de 2017

“VIRTUOSISMO Y CONSISTENCIA ARTÍSTICA”

El segundo programa de abono de la temporada de Corpartes, en el magnífico CA660, contempló un esperado debut en Chile del legendario director Trevor Pinnock y el notable flautista Emmanuel Pahud, junto a la Orquesta de Cámara de Postdam (Kammerakademie Potsdam). Después de una débil inauguración con la Orquesta Filarmónica Checa del Norte, Téplice, sólo ver anunciado a Pinnock y Pahud era una suerte de “pre-eclipse” de lo antes presenciado, recuperando con creces el nivel promedio de esta temporada musical, y constatado ante un deslumbrante resultado… La figura de Trevor Pinnock es relevante en la corriente historicista de la interpretación del Barroco y Clasicismo. De culto son sus grabaciones junto a The English Concert, conjunto que fundara en 1972 y permaneciera durante 30 años. En esta oportunidad Pinnock vino junto a una joven y excelente agrupación como la de Potsdam (fundada en 2001), de la que es un habitual colaborador. Con magnífico sentido de ensemble y una sonoridad de amplio rango dinámico, el conjunto exhibió pleno correlato a las propuestas interpretativas del director. Con un programa ciento por ciento del siglo XVIII, abrió con una notable versión de la Sinfonía N° 47 “El Palíndromo”, de F.J. Haydn. Esta obra, de por sí original (de allí su nombre, en cuanto la segunda parte del minueto es igual a la primera, pero traspuesta), requiere acabado oficio para abordarla ante su riqueza de contrastes. La libertad de lectura de Pinnock es abismante, haciéndose eco ahora a un enfoque más asociado a lo “históricamente no informado”, percibiéndose mejor aproximación al espíritu inserto. Grandes logros en el continuum expositivo, con certeras líneas en estilo y carácter. Como rutilante figura, el destacado flautista Emmanuele Pahud (solista de la Filarmónica de Berlín) fungió de solista en el Concierto N° 2 para Flauta de W.A.Mozart y el N° 7 de François Devienne. De gran desempeño, Pahud demostró el sitial alcanzado desde temprana edad en la famosa orquesta berlinesa, más su importante carrera como solista. En el concierto mozartiano -de intimista carácter como de fuertes exigencias técnicas- Pahud tuvo la virtud de brindar pleno idiomatismo al mismo. Grandes logros en claridad de discurso, homogeneidad sonora, diáfanos fraseos y calidez de texturas. Y para mayor lucimiento virtuosístico, en el Concierto de Devienne dio rienda suelta a la endiablada pirotecnia técnica exigida por la obra, y sin jamás perder musicalidad. Notable la complicidad artística de Pinnock en la batuta, en plena consubstanciación con el virtuoso solista. Y como encore, una profunda entrega de la “Danza de los Santos Espíritus” de la ópera “Orfeo y Eurídice” de Gluck. Como broche de oro, la magnífica Sinfonía N° 29 de Mozart, en una versión de completa referencia y pletórica de logros en empáticos tempi, acrisolada transparencia, certeros contrastes e inteligentes matices, plasmando notable organicidad discursiva. La respuesta de los músicos dio cuenta de incuestionable adhesión a la autoridad de la batuta. En suma, una presentación de gran recuerdo, conviviendo innegable virtuosismo y consistencia artística.

martes, 4 de julio de 2017

“JENUFA” E INICIO DE TEMPORADA LÍRICA

Después de 19 años se reedita en el Municipal de Santiago “Jenufa”, de Leoš Janáček, inaugurando la presente temporada de ópera santiaguina. A la vez, también constituye el primer resultado -parcial- de la “Era Chambert” en el Municipal, por cuanto, a partir de este año, se apreciarán los espacios asignados a Frédéric Chambert post administración de Andrés Rodríguez, quien con anterioridad alcanzó a programar los títulos de esta temporada (fundamentalmente en el ámbito musical), dejando espacios a lo esceno-técnico al actual equipo para el desarrollo de las producciones. Ante lo anunciado y lo visto en esta producción de Jenufa, el énfasis de Chambert para el diseño de las puestas en escena se ha traducido en una interesante conceptualización integral del espectáculo y con marcada inclinación hacia lo teatral, elemento en sí potente, no obstante la interrogante en cómo a futuro se dará el criterio de selección de cantantes y directores musicales para servir debidamente los títulos venideros (a partir de la próxima temporada, las óperas serán ciento por ciento propuestas por esta gestión). En este contexto, llega el famoso director teatral argentino Jorge Lavelli, de importante trayectoria internacional, en calidad de regista para el primer título de esta temporada, constituyendo su debut en Chile. De este importante exponente de la dirección escénica -con fuerte gravitación principalmente entre las décadas del 70 y 90-, no dejan de ser interesantes las bases en la que sustenta su visión del arte dramático, por cuanto su hermenéutica discurre por una prevalente exploración a la interioridad subyacente de los personajes por sobre cierto naturalismo objetivo. Así, la concepción dispuesta para Jenufa no se apartó de los cánones recurrentes de su estética dramática, dejando en general eficaces espacios para una debida focalización en el centro de los personajes, materializado en una suerte de prescindencia de lo accesorio en pos de lo esencial. Sin embargo, hubo elementos de cierta ininteligibilidad conceptual, como el uso del pintado blanco en la cara de todos los personajes, una concepción espacial que confundió el genuino sentido del despojo con precariedad de recursos, cierta arbitrariedad -al punto de lo caricaturesco- en el perfil de la Kostelnička, más poca efectividad en los contrastes lumínicos, quizás a propósito en aras para que el relato lo llevaran los mismos personajes ante cualquier otro aditivo… ; recurso interesante, pero riesgoso según el contexto dramático. Del resto de la producción, si bien se apostó a una suerte de minimalismo escenográfico, en concreto el diseño de Jean Haas fue de relativa eficacia visual debido a un burdo diseño (cajón revestido de madera en los laterales más una estructura metálica de fondo que a la postre no proveyó relieve a la puesta, amén de poca rigurosidad en la calidad de las terminaciones constructivas). La iluminación, a cargo tanto del mismo Lavelli y Roberto Traferri, como se indicó, no de mayor efectividad general. Muy buen vestuario de Graciela Galán, de finos detalles y completamente ad-hoc. Musicalmente, Jenufa (estrenada en 1904), como toda la música de Janáček, posee una riqueza armónica muy particular, más una infinidad de recursos musicales de acabado oficio, un libre uso de diversos estilos y una magnífica incorporación de lo vernáculo (checo). De impregnada concisión en las exposiciones temáticas (traducida en una permanente tensión interna) más una exigencia de súbitos cambios rítmicos, compleja proyección de colores, texturas y dinámicas, finalmente requiere de un maestro concertador de completa pericia. Argumentalmente es de interpelante contenido y en total correlato con la música, siendo una de las óperas más perfectas de todo el repertorio. En esta oportunidad, los resultados de la dirección musical de Konstantin Chudovsky (titular de la Filarmónica) se encaminaron más hacia una correcta concertación por sobre una cautivante interpretación, adoleciendo abismantemente de la tensión interna requerida (de hecho, más de algún silbido se escucho proveniente de la parte alta del teatro al final de la primera función…). En el rol de Jenufa, empático y musical desempeño de Dina Kuznetsova. Como la Kostelnička, Tanja A. Baumgartner cumplió funcionalmente en lo teatral (a pesar de cierta tendencia a la sobreactuación) pero vocalmente no ideal para el rol (carencia de matices). Bien en general Peter Berger como Laca, con buena proyección y homogeneidad de registro. Más sinuoso en el canto, aunque teatralmente convincente, fue el Steva de Tomáš Juhás, Y de los roles comprimarios, todos muy bien servidos por cantantes de la plaza, destacándose en especial Javier Weibel como el Capataz, Lina Escobedo como la Abuela Buryjovka, Marcela González como Karolka, David Gáez como el Alcalde, Paola Rodríguez como la Esposa del Alcalde y Yaritza Véliz como Jano.

SINFÓNICA NACIONAL EN SALUDABLE ESTADO

No es fácil cubrir críticamente la totalidad de los programas de las temporadas oficiales de las instituciones musicales, aun cuando se haya presenciado una importante cantidad de los mismos. En el caso de la Orquesta Sinfónica de Chile, actualmente Sinfónica Nacional… , ha sido posible seguir permanentemente su trayectoria de presentaciones desde comienzo de año, con deslumbrantes presentaciones junto al joven director chileno Helmuth Reichel Silva, radicado en Alemania (enero), además del concierto de clausura del Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile muy bien dirigido por el chileno Vicente Larrañaga, también residente en Alemania. Y desde marzo, con tres programas dirigidos por el Titular de la agrupación, maestro Leonid Grin, otro con su Director Residente, el joven y talentoso Francois López-Ferrer, y un concierto especial de Semana Santa junto al decano de los directores chilenos, maestro Juan Pablo Izquierdo. Como es costumbre, la actual temporada ha contemplado una importante cantidad de programas de abono y de extensión, más una interesante convocatoria de directores y solistas extranjeros de buenas trayectorias, junto a nacionales de probada solvencia. Programáticamente, ésta ha conservado su eclecticismo, aunque extrañando una mayor dosis de música contemporánea más una apuesta a la comisión de obras de estreno. Desde el año 2013 la labor de Leonid Grin, maestro de importante prestigio internacional, se ha caracterizado por un equilibrado criterio programático, respetando el rol histórico de la Sinfónica por difundir la música del repertorio tradicional (principalmente del Barroco hasta nuestros días) más la difusión de los compositores nacionales. Asimismo, de completo encomio ha sido el criterio de invitación de directores y solistas, facilitando la venida de importantes figuras internacionales -varios debutantes en Chile- con magníficos resultados. A esto, es importante destacar el buen contingente de músicos titulares como integrantes, permitiendo estabilizar la impronta sonora de la orquesta, y sin tener que recurrir mayormente a refuerzos (salvo en obras de grandes orgánicos). Entre las fortalezas de la Sinfónica están las cuerdas -la mayoría robustas y disciplinadas- que permiten abordar cómodamente todo tipo de repertorio, asimismo una homogénea fila de bronces y percusión, aunque debilidades en las maderas… , donde se observa no hay un completo sentido de ensemble más carencias en la producción de pianissimos… , elementos que urge trabajarlos mejor. De los programas dirigidos por Grin en marzo, se destacan sólidas versiones de las Sinfonías 3 y 4 de Beethoven, como una excelente “Sinfonía Fantástica” de Berlioz, una notable Obertura de “El Murciélago” de J. Strauss, y una emotiva lectura del “Romeo y Julieta” de Tchaikovsky. Asimismo, una brillante versión del fabuloso Concierto para Violín de I. Stravinsky, con el destacado Sasha Rozhdestvensky, huésped habitual de la Sinfónica. Lamentablemente se padeció la cancelación (por salud) de la legendaria pianista Viktoria Postnikova para el Segundo Concierto para Piano de Tchaikovsky, siendo reemplazado por el Concierto de Grieg con el mismo solista que exitosamente lo había hecho en la temporada anterior, aunque mejor solución habría sido encomendarle al mismo solista (Armands Abols) otra obra, enriqueciendo mejor la variedad programática. Mención especial es el concierto de Francois López-Ferrer, a quien se le ha seguido su trayectoria desde el comienzo de su colaboración con la Sinfónica, exhibiendo progresos abismantes en poco tiempo y con repertorio de relevancia. En esta oportunidad, dirigió un magnífico “coctail latinoamericano”, destacándose una notable versión de la Suite de “Estancia” (Ginastera), junto a una atrapante lectura de la Obertura Cubana de Gershwin y un certero enfoque del Danzón N° 2 de A. Márquez. Sólo quedó en deuda el Salón Mexicano de Copland, obra en sí difícil de abordarla musicalmente y raras veces bien hecha en Chile… De los demás programas, importante destacar la repetición del Requiem Alemán de Brahms dirigido por Juan Pablo Izquierdo, en una versión muy distinta a la presenciada el año pasado, esta vez con un enfoque de mayor luminosidad y estructurado con tempi más rápidos respecto a lo acostumbrado. En suma, un sólido desarrollo de la presente temporada de la Sinfónica Nacional de Chile, evidenciando las fortalezas y debilidades recurrentes del conjunto…

“MAGO ITALIANO” CON LA FILARMÓNICA…

Al día siguiente de la deslumbrante presentación del contratenor Philippe Jaroussky junto al formidable Le Concert de La Loge en el Municipal de Santiago, no era forzosamente motivante retornar al decano coliseo artístico nacional para el quinto concierto de abono de la Filarmónica de Santiago… Sin embargo, igualmente era interesante ver a dos artistas de trayectoria junto a una orquesta nacional, por más que no necesariamente se tratara de un programa ciento por ciento imperdible… Felizmente, con creces, las expectativas se vieron sobrepasadas, constituyendo uno de los conciertos más vibrantes en lo transcurrido del año… Es menester señalar que, desde el brutal desmantelamiento en dos tercios de la Filarmónica en el año 2006, las temporadas de conciertos han ostentado un mediocre nivel promedio… , al no convocar mayormente a directores de relevantes trayectorias, acrecentado con excesivas rotaciones de músicos que por años no favorecieron disponer de un conjunto idealmente cohesionado y de la magnífica calidad de sonido respecto antaño… , situación, en todo caso, de la que se aprecian favorables progresos, no obstante aún con camino por recorrer… En este contexto llega un verdadero “mago” desde Italia… , el prestigioso maestro Attilio Cremonesi, especialista principalmente en repertorios barroco, clásico, como romántico temprano. De esta forma, fue un acierto de la Dirección Artística del Municipal haber invitado a un maestro de este perfil, pudiendo trabajar autorizadamente en detalles técnicos claves que el repertorio clásico-romántico fuertemente demanda, como las articulaciones, texturas y transparencias. Abrió con una memorable versión de la “Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis” de Ralph Vaughn Williams. Esta obra, compuesta en 1910 aunque retocada después, se estructura en base a variaciones de una melodía propia del Renacimiento inglés -la Tercera de las Nueve Tonadas de Salmo para el Salterio del Arzobispo Parker- de Thomas Tallis (1505-1585). No inscribiéndose dentro del atonalismo en ciernes, responde a una genuina exaltación de la tradición inglesa propia de la música eclesiástica, y servida de elementos armónicos y rítmicos de asombrosa libertad. Con una orquestación ciento por ciento de cuerdas, requiere de un amplio contingente, seccionado en una gran orquesta base, otra espacialmente separada más un cuarteto de la misma familia instrumental. La interpretación del maestro Cremonesi plasmó una galería de logros en idiomatismo intrínseco, coherencia de discurso, calidad de sonido -esmaltado y amplio-, nitidez de voces y certeras acentuaciones. La respuesta de las cuerdas filarmónicas cumplieron a cabalidad con los requerimientos de la batuta. Seguidamente, una interesante versión del Concierto para Piano N° 23, K.488 de W.A. Mozart, fungiendo de solista la destacada Akiko Ebi, debutante en Santiago. No obstante sus logros técnicos, el enfoque de Ebi se percibió con ambigüedades estilísticas, perdiendo cierta organicidad interpretativa. Así, en el primer movimiento optó por una mixtura de un grueso espesor sonoro y a la vez una proyección tímbrica propia de un pianoforte; en el segundo con un toucher radical y estilísticamente diferente, quizás en función de un discurso de diferente carácter y más asociado a lo etéreo (lo mejor de la interpretación), más un tercero animado y cristalino, aunque sin mayor correspondencia con los demás movimientos. El complemento de Cremonesi y los filarmónicos, de completo ajuste, a pesar de ripios en fraseo y afinación de los violines. Finalmente, la Sinfonía N° 9 “La Grande” de F. Schubert. De olímpico optimismo, esta inédita sinfonía (descubierta años después de la muerte del compositor), presenta un desarrollo formal atípico y de original estructura respecto a sus demás obras. De pocos contrastes -prevaleciendo más los momentos agitados que los de mayor remanso-, es dable abordarla con cierto carácter marcial y hasta fanfarrón, no obstante ineludible atisbar una evidente presencia del Schubert esencial, plasmado en su delicada música de cámara, especialmente en sus lieder (sección lenta del segundo movimiento). La interpretación firmada por Attilio Cremonesi -de enfoque más bien camarístico- obtuvo logros inusuales en la Filarmónica, en cuanto a ajuste de ensemble, balances y transparencias, auscultando una serie de detalles raras veces percibidos, no haciéndose eco de cierta exageración en lo marcial, y enfatizando el carácter cantable de la obra. Un triunfo en musicalidad y resultado de conjunto, considerando el mermado nivel promedio de los conciertos filarmónicos por años… En suma, una gran jornada junto a un notable director, y de quien se espera pueda intensificar su colaboración con la Filarmónica, más una pianista de fuste que dio muestra de interesante musicalidad.

LA PARTIDA DE UN GRAN MAESTRO

El día 20 de abril pasado, en Madrid, falleció el Maestro Agustín Cullell Teixido (1928), quien fuera Director Titular de la Orquesta Filarmónica de Chile (1965-68) y de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en dos oportunidades (1960-62 y 1991-92). Además, sirvió de titular en prestigiosas orquestas latinoamericanas como la Filarmónica de Bogotá, Sinfónica Nacional de Costa Rica y Filarmónica de Cali. Maestro de gran solvencia musical e intelectual, llegó a Chile desde su natal España en 1936, iniciando aquí su formación musical. Integró la fila de violines de la Orquesta Sinfónica, para luego proseguir sus estudios de dirección en Europa con importantes maestros, y luego, a su regreso, colaborando activamente con las principales orquestas nacionales. Fue un importante difusor de la música chilena, habiendo estrenado un sinnúmero de obras de compositores nacionales, principalmente en la década del 60 y comienzos de los 70. Como director invitado, colaboró con la mayoría de las orquestas latinoamericanas. Asimismo, ejerció importantes labores docentes, principalmente en Chile y Costa Rica, con alto reconocimiento. De amplio repertorio, abarcó desde el Barroco hasta la música de vanguardia, recibiendo laudatorios reconocimientos de la crítica especializada por su depurada técnica y fina sensibilidad. Tras el golpe militar, el maestro Cullell solicitó asilo en Costa Rica, país donde pudo proyectar mejor su carrera internacional, llegando a ser en su momento una de las batutas latinoamericanas más relevantes. Su último período como titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile fue clave para lo que hoy en día es dicha orquesta, labor no comprendida en su momento… . Al ser un maestro de gran exigencia y honestidad artística, empero, los músicos de la época no supieron calibrar mejor su visión del arte musical, situación inevitablemente derivada en una interrupción de su trabajo de titular… Así, le correspondió resolver algunos procesos de cambio en la orquesta producto de una natural renovación de sus integrantes, ingresando en esa época talentosos músicos de nuevas generaciones, de los cuales, hasta el día de hoy, muchos permanecen en sus filas. Además, es menester recordar el mermado nivel de la Sinfónica respecto a épocas de oro de la misma… , ante lo cual Cullell tuvo la virtud de levantarlo y proyectarlo hasta el día de hoy… Lamentable e injustamente, jamás volvió a dirigirla como invitado… Hitos relevantes de su trayectoria, después de largos años de ausencia, a su regreso como invitado en 1987 con la Sinfónica, le correspondió dirigir, junto al recordado violinista don Jaime de la Jara, el estreno mundial del magnífico Concierto para Violín de Juan Orrego Salas (obra clave del repertorio violín-orquesta de la música latinoamericana), como en 1990 el estreno mundial del extraordinario Segundo Concierto para Piano del mismo compositor, junto al también muy recordado Cirilo Vila. De imborrable recuerdo serán sus interpretaciones de la Segunda Sinfonía de Rachmaninoff, como la “Patética” de Tchaikovsky y del repertorio latinoamericano, recordándose vivamente, en 1990, un memorable concierto con motivo de la clausura del Congreso de Trimalca en Chile, con emblemáticas obras latinoamericanas. Además, hito fundamental fue su dirección de la exitosa gira que la Sinfónica realizara a varias ciudades de México en 1991, transmitida por la televisión chilena de entonces. Asimismo, notables fueron sus acompañamientos en legendarios conciertos con la Sinfónica, como en el Schumann y Saint Saëns N° 1 junto a M. Rostropovitch, el Schelomo de Bloch junto a Christine Wallevska, o el Concierto para Piano de Kachaturian con Luis Alberto Latorre, entre tantos hitos. Sin duda, un maestro que dejó profundas huellas en el país que lo cobijó, y con proyecciones a gran parte de Latinoamérica.

viernes, 28 de abril de 2017

ESTELAR CONMEMORACIÓN DE LA DECANA

El pasado 6 de enero, la decana orquestal del país -ahora Sinfónica Nacional de Chile- conmemoró su 76° Aniversario con un excelente concierto dirigido por Helmuth Reichel Silva, sobresaliente batuta emergente nacional… Referirse a lo que hasta hace poco era la Orquesta Sinfónica de Chile -hoy con la inclusión del sustantivo “Nacional”- es aludir a una historia profunda del desarrollo musical del país, por cuanto esta agrupación constituye la primera de rango profesional y nacional, al ser creada por Ley de la República, amén de su fundamental aporte a la difusión de la música docta universal e impulso a la actividad compositiva nacional. En este concierto-aniversario, si bien no se contó nuevamente con la presencia del maestro titular, resultó todo un acierto haber confiado su dirección al joven director chileno radicado en Alemania Helmuth Reichel Silva, de descollante debut con la decana en la temporada oficial del año pasado, y a quien se le debe prestar suma atención a su desarrollo profesional… El programa, de festivo carácter, contempló casi enteramente música de Johann Strauss (hijo), con una batería de valses y polkas más una obertura (El Murciélago), junto a las Danzas Húngaras N° 5 y 6 de J. Brahms. Sobre el mismo, es menester justipreciar las bondades de la música de la Dinastía Strauss, que, bien abordada, permite aquilatársela en su real mérito, sin duda de notables facturas composicionales y fiel muestra del espectro socio cultural de su época -postrimería de la era de los Habsburgo-, donde su contexto refleja ora las grandezas ora las miserias del siglo XIX, al producirse tanto la supremacía y decadencia de lo poderíos imperiales europeos del momento, y donde etimológicamente (“vals” viene del latín “volveré”, es decir, “volver”), a la postre alude a un nostálgico retorno de un glorioso pasado. A su vez, enfrentar este repertorio no es trivial, como a priori pudiera discurrirse. De hecho, es sabido que grandes directores ponderan muy bien la conveniencia de abordarlo, en aras de obtener un resultado que plasme idiomáticamente la “gracia y amabilidad” requerida. La dirección de Reichel Silva felizmente demostró completa asimilación y afinidad con este repertorio, lo que no es menor, firmando interpretaciones absolutamente deseables para un repertorio de cautivante entretenimiento, sin perder con ello la potencia de su vigor interno. Con asombrosa técnica, Reichel Silva obtiene logros inusitados para la acostumbrada sonoridad de la mayoría de las orquestas latinoamericanas. Impresiona su pasmosa facilidad en mixturar balances, colores y timbres mediante aligeramientos sonoros que auscultaron prístinamente el discurso musical, amén de un celebrado sentido del legato en la articulación de las frases, inteligentísima administración del rubato, fraseo y dinámicas, plasmando versiones de elocuente elegancia y eficacia expresiva. La respuesta de la festejada decana simplemente fue magistral, propia de una orquesta de alto rango, brillando en todas sus secciones, y traducido en diáfanas transparencias, adherente ajuste y esmaltado sonido. En suma, una estelar conmemoración, con triunfos artísticos inapelables de un director de grandes proyecciones y una orquesta que reafirma su potente tradición.